El sepulcro gentilicio, situado en vial Sant’Avendrace cerca de la necropolis púnica de Tuvixeddu, fue dedicado por el romano Lucio Cassio Filippo, entre finales del siglo I y el siglo II DC, a su mujer Atilia Pomptilla.
La leyenda cuenta que Lucio Cassio Filippo se enfermó gravemente y entonces su mujer rogó a los dioses tan ardentemente que logró salvar a su marido muriendo ella en su lugar.
El nombre “Gruta de la Víbora”, ya conocida en 1600 como Cripta serpentum, nace de los frisos del arquitrabe: dos serpientes, símblo de la vida eterna y de la fidelidad conyugal. Pero la Gruta de la Víbora, más que por su estructura, es importante por las inscripciones con las que son enrequecidas sus paredes: son doce poesías, unas en griego y otras en latín, que con referencias mitológicas y literarias exaltan la figura de Pomptilla y su amor por el marido.
Es a Alberto La Marmora al que tenemos dar las gracias si aún hoy, podemos visitarla: de hecho, en 1822, prohibió que se hicieran explotar las minas colocadas cerca de la Gruta, durante las obras de contrucción de la carretera Cagliari-Sassari.